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Andalucía se mueve. Nos mueve Andalucía

Por Juanma Moreno

Los símbolos de Andalucía, nuestra bandera, nuestro himno y este 28 de Febrero que hoy celebramos, representan todo aquello que nos une. Tenemos la obligación de conocerlos y de garantizar su continuidad como referente y expresión de una tierra que, siendo tan diversa, mantiene incólume su proyecto común de futuro y su vocación de convivencia con el resto de las tierras de España.

Los símbolos, sí, son importantes, pero no pueden ser elementos inertes porque encierran a un tiempo sentimientos pasados, realidades presentes y sueños de porvenir. Lo peor que le puede ocurrir a un pueblo es caer en  la rutina, y tengo la impresión de que los gobernantes que desde hace casi 40 años dirigen los destinos de Andalucía han optado por el adormecimiento como mejor estrategia
para conseguir el que es, a nadie se le oculta ya, su único objetivo: perpetuarse en el poder.

No me hacen falta sesudos informes para constatar que los andaluces viven hoy, transcurridas casi cuatro décadas de vida autonómica, muy por debajo del nivel de bienestar que merecen y que se han ganado con su esfuerzo. Negar las mejoras sería de
necios. Entregarnos a un estado de euforia permanente, como hace el PSOE y del que quiere contagiar a los andaluces, es de irresponsables. Tampoco me hacen falta esos informes para detectar la causa de esta postración. Recorrer las calles y plazas de nuestras ciudades y pueblos, conversar cada día con los andaluces como llevo haciendo cuatro años me ofrece un diagnóstico certero sobre la realidad de Andalucía.

Es esa experiencia cotidiana la que me ha animado a afrontar compromisos como el de crear 600.000 empleos en una legislatura. Hay quien se ha extrañado, incluso menospreciado ese anuncio. Son tantos años con las mismas políticas, con tantas promesas perdidas en los cajones del PSOE, que puedo entender la incredulidad. Pero
estoy seguro de poderlo cumplir, e incluso creo que puedo haberme quedado corto.

Andalucía es hoy una comunidad en movimiento. Hay una esperanza contenida en que las cosas pueden ir a mejor. Y la Junta de Andalucía tiene que dejar de ser la gran losa que frena ese avance palpable y deseado. Cuando todos los gobiernos de Europa se afanaban por superar la crisis, nuestra comunidad se ha visto lastrada por gravísimos casos de corrupción en el seno de la Junta y por un gobierno despistado por las ambiciones personales de la presidenta.

Pero en la sociedad detecto dinamismo, talento y muchas ganas. No hay autónomo o pequeño empresario que no me comente cómo ha cambiado la forma de ver el horizonte pero, al mismo tiempo, que no me mencione con un rasgo de amargura las trabas burocráticas, los retrasos, los bandazos políticos y el desamparo que encuentran en la mastodóntica administración socialista.

El gobierno socialista se ha permitido el lujo de devolver 800 millones en políticas activas de empleo y llevamos ya contabilizada una pérdida de inversiones de 9.000 millones desde que Susana Díaz preside la Junta. Hay proyectos paralizados desde hace años, como la Autovía del Olivar o la Autovía del Mármol. o que van a paso de tortuga. como el Metro de Málaga: impiden el movimiento y frenan la actividad de grandes y pequeñas empresas.

Andalucía, sin embargo, se mueve. Y a la gente del PP Andaluz nos mueve Andalucía. Es evidente el malestar por el deterioro de la Sanidad y la Educación, reflejo de unos datos demoledores: somos la comunidad autónoma que menos gasta en sanidad por habitante, y en Educación invertimos 600 euros menos por alumno que la media. Nadie entiende que 35.000 millones al año de presupuesto no den para evitar los colapsos en las urgencias o que muchos niños den clases en aulas prefabricadas.

Los andaluces nos encontramos en un cruce de caminos. Tenemos ante nosotros la posibilidad de seguir recorriendo esa senda de la resignación a la que nos han querido someter todos los presidentes socialistas. y de los que Susana Díaz es no sólo fiel sucesora sino firme defensora. Pero tenemos también la opción de iniciar un camino nuevo y afrontar, de una vez, sin más máscaras ni más demagogia, la realidad de una tierra, la nuestra, que, pese a su enorme potencial, pese al enorme talento de su gente y su riqueza patrimonial, cultural y natural, permanece injustamente relegada.  Creo firmemente que. cuanto más se acerca el 40 aniversario de la llegada al poder del PSOE en Andalucía, más cerca está el momento de la alternancia.